lunes 13 de junio de 2011

En el borde de lo borde y el aspersor de Asperger

Un Border Collie. Por poner algo que suene parecido al título y no desvele nada aún.

Vaya título, ¿eh?. Como no se me ocurre con qué reflotar el blog, como soy un maldito asocial contracorriente underground que prefiere siempre no hablar de temas candentes, seguiré a mi bola: en estos instantes, sería muy efectivo hablar de política, movimiento 15-M, pepinos ibéricos sanos (como el mío) o de lo que me jodió que en casa pusieran una tele de 32 pulgadas y me cortaran la retransmisión de la Fórmula 1 en TV3 tras apenas dos carreras disfrutadas en FullHD porque al de los trajes no le parecía bien. Pero no, voy a ser más egocéntrico y hoy les voy a hablar de mí.

Pero ojo, no de mí en plan diario, sino de manera más impersonal, más indirecta: no les voy a contar nada de donde vivo, ni de cómo me llamo en realidad -que, si han sido algo perspicaces, habrán deducido que soy una persona y no un ornitorrinco como hago creer; en dicho caso hubiera sido de suponer que me llamase Ringo el Ornitorrinco o Chema el Monotrema, nombres así muy Hannah-Barbera en su versión en español neutro de ese (neutro para los hispanoamericanos). En USA o en Australia (patria querida) hubiera sido Atticus J. Platypus o, en caso de ser una mujer, Grace Duckface. Bueno, sigamos.

Pues no. Les voy a hablar de un problema que, a mis taypico años parece que no acabo de controlar: muchas veces se me olvida que a la gente no le sienta bien el sarcasmo porque ni lo entienden como una manera de crítica sana pero picante (que luego le ponemos pimienta a todo, y no pasa nada) como diciendo “estás siendo un poco patético pero, hey, si después de mi respuesta corriges esa actitud, quizá evites hacer más el ridículo”. ¿Qué pasa? Nuestros padres y profesores nos enseñan qué actitudes son correctas en público y cuáles no, pero siempre hay carencias o fallos hereditarios (como la costumbre de colgarse una cruz en el cuello). Sólo hago una labor social.

Imaginen tener que verter una opinión suavizada sobre esto. Pues así me pasa a mí.

Mira que lo intento, porque en el fondo soy una persona tímida -MUY tímida- y reservada, pero la internec ha sacado el veneno que tenía dentro. No le echo la culpa a la red de redes, a los foros de semi-analfabetos ni a los blogs: es de suponer que esa aspereza de reacciones estaba latente en mí. Es como el pajarito ese que hace tantos años que tienes en una jaula que no sabe hacer otra cosa que comer, dormir o cantar, pero ¿a que si le abres la puerta se va y no vuelve? ¿A que el ejemplo no se entiende porque no es del todo acertado? ¿A que la filosofía a veces consiste en decir obviedades de manera más refinada?

Por otro lado, tengo una tendencia natural a puntualizar, que no a corregir ni al “buah, qué burro eres, eso no es así”. Si alguien dice algo que sé que es incorrecto, le digo “no, oye, que esto se dice de tal manera...”. Pues parece que a la gente le ofende aprender de los demás, sobre todo cuando ya dejó atrás el colegio. Vamos a ver, esta costumbre mía sería admirable como padre: mis hijos difícilmente saldrían disléxicos o adoradores de Tele 5; sin embargo, a los niños de más de 16-20 años les molesta. Si a mí me parece normal compartir cultura y a ellos no, ¿tengo una versión lite del Síndrome de Asperger? (corran a la Wikipedia) Porque, desde luego, no soy un nerd en potencia al que se le vea venir: mi carrera de suspensos estrepitosos empezó en un tierno 6º de EGB, más sonadamente incluso que algunos de los típicos burros y rebeldes de clase. Académicamente soy peor que Melendi, por ejemplo.

A veces, no es necesario ni el típico “calentón del momento” para soltar borderías a través de mis cuerdas vocales o falanges. Me basta con tener en frente una opinión sin fundamento, ignorante o indocumentada para saltar, eso sí, sin insultos ni salidas de madre. Luego a veces incluso me sabe un poco mal el trato que he dado; casi siempre porque pienso que la crítica no es que sobrase, es que podría haberla hecho más elegante.

Seguro que la psicología tiene una opinión de todo esto, pero primero habría que tener en cuenta que a mí me la repanpinfla esta disciplina. En el colegio, mi fracaso escolar se debió mayormente a mi dejadez a la hora de realizar tareas y deberes; los dos psicólogos del centro que me atendieron simplemente me hicieron prometer que iba a cambiar y a ponerme manos a la obra. A pesar de que no lo hice, no me llamaron más la atención ni se le dio una prórroga a mi caso, con lo cual me queda la duda de si es que no tengo voluntad o que, en realidad, los psicólogos no curan -ergo, no realizan un trabajo de resultados contrastables- sino que te ponen el material en la mesa y te dejan que decidas y elijas, como Iker Jiménez cuando nos presenta el caso de un paleto que jugó al mus con seres de Alpha Centauri y deja en nuestras manos que nos lo creamos o no, aunque subliminalmente te está diciendo que te lo creas, si no a ver por qué se iba a tomar la molestia de sacarlo en su programa.

Lo que ya no entiendo es cómo molesta tanto esta actitud y luego triunfa si la usas como base de un guión. Al que le gusta House M.D. es por el carácter misántropo del protagonista que siempre acaba derivando en genialidad, pues no creo que a alguien le guste la serie para tomar apuntes para la carrera de Medicina. O también la serie del doctor Becker, que directamente era antipático. Si hasta en España teníamos al Dr. Vilches de Hospital Central, o al Dr. Mateo, que es borde pero cae en gracia por lo ingenuo que es, pobrecito. Ojo, que también teníamos al doctor Nacho Martín, pero eso no era una serie de médicos, era un drama sobre lo que supone vivir 10 personas en la misma casa con el sueldo de un doctor de ambulatorio. En resumen, ¿por qué mi actitud, siendo incluso más suave, cae mal? ¿Es porque no soy médico? Seguro que es por eso. Menos mal que he escrito esta reflexión, que igual voy y no llego nunca a esa conclusión.

1 digna(s) opinion(es):

Sir David von Templo dijo...

Es bueno ver que todavia sigues aqui en la red mi estimado Monotrema. En cuanto a la entrada, podriamos concluir que para poder ser antipático, sarcástico, politicamente correcto y criticador, sin que te anden regañando o martirizando, hay que ser médico.

A usted no es al único al que le pasa eso. A muchos otros que somos incorformes por naturaleza, y que podemos hacer las cosas mejor, y que recurrimos al humor negro para hacer evidentes los errores de los que estan al mando, nos ven con cara de "mira, que insensible es ese tipo, es un irrespetuoso, no merece que lo invitemos a formar parte de nuestros absurdos sociales"

Recuerdo una vez que se me ocurrio tener risas grabadas para cada uno de mis comentarios "impertinentes", ya sabes, con el fin de romper el hielo cuando uno dice algo, para aminorar la tensión. Casi ocasiono que me revocaran mi beca de la universidad y de que un sujeto me rompiera la cara.

Saludos.