Que desde ayer lunes tengamos que ir a 110 km/h. por las autopistas en lugar de a 120, la verdad es que me importa realmente poco. No hago viajes muy largos, y las pocas veces que toco la autovía no voy con tanta prisa como para que me afecte esa diferencia (aunque ni yo ni casi nadie vamos siempre a lo que toca, ejem, señores que me adelantan por el carril izquierdo cuando yo ya iba a 130). La medida, según dicen, es para ahorrar combustible ahora que la situación de los países islámicos, los que nos proveen de petróleo, está más tensa que la faja de Falete.
Mi problema es que el escaso poder adquisitivo del que dispongo me permite gastar, aproximadamente, unos 10 euros en gasolina cada 6-9 días, algunas veces más y otras (mayoría), menos, y cada vez me entran menos litros con un billete de estos. Concretamente, esta semana arranca con todas las gasolineras a no menos de 1,30 euros el litro de la gasolina de 95, que es la que uso (y de menos octanaje porque no existe, que si no...) con lo que no llego ni a 7,7 tristes litros de caldo del Carbonífero.
¡Para, para, paaaaara! ¡Tío, que nos vamos a matar!
¿Debo prever que, además, debido a las revueltas islámicas esto va a subir todavía más? Me temo que sí. Pues visto lo que se avecina, debo decir que me opongo a la norma de los 110 km/h.: en realidad, debería salir a la autovía y no pasar de 60, la mitad del anterior límite, ya que la gasolina no me cuesta precisamente 65 céntimos por litro, que los podría valer perfectamente. Y que me adelante quien tenga más prisa.
Hace poco más de 2 años (sobre los últimos meses de 2008) la gasolina subía y bajaba como una montaña rusa cada dos por tres. Un día me asustaba por verla a 1,02 euros y a la semana siguiente había bajado a 0,89. Hoy por hoy si viera el litro a menos de un euro (aunque fuese a 0,99) me frotaría los ojos, me pellizcaría y me pondría unas pinzas de batería a los pezones para despertarme de ese sueño, porque nadie se creería que fuese verdad eso. A menos que me dijeran que estoy en África, claro.
Pero es que aún hay más motivos. El petróleo se va a ir acabando, así que es posible que, incluso en un futuro utópico en el que salgamos de la crisis (eh, aquel que se está riendo, un poco de respeto con mis fantasías) no vamos a ver bajar del euro ya ni al gasóleo. Y mientras tanto en Venezuela pagan el litro a 3 céntimos. A TRES CÉNTIMOS, en serio. Cuesta más el agua embotellada que el combustible; imagínense cuando les hablan a los paisanos de Boris Izaguirre del coche eléctrico, les debe entrar la risa floja -la electricidad es más cara, también. Vamos, es que allí te sale más a cuenta fregar el suelo con gasolina que con Don Limpio.
Venga, que mañana se me va a dormir el pie de mantener el acelerador a 1/10 de su recorrido.

1 digna(s) opinion(es):
A mí me ha hecho mucha gracia esta medida. Total, la gente va a seguir haciendo lo de siempre, es decir, irá a la velocidad que le de la gana.
Publicar un comentario en la entrada