
El otro día, tras meses sin actualizar y sin venir a cuento, me dio por volver a escribir una entrada en el blog de nuevo. Por alguna extraña razón, por mucho que pase el tiempo y el mundo cambie, me resisto a dejarlo a la deriva definitivamente en ese mar que es la internet, porque siempre hay algún náufrago (que me dice cuán equivocado estoy acerca de los aztecas, por ejemplo).
Mirando el archivo del blog, me di cuenta de que hoy, 6 de marzo de 2011, éste cumpliría cuatro años. Cuatro extraños años, pues nunca he seguido una línea continuista: simplemente me he dedicado a hablar de temas totalmente default de la manera más irregular posible y, aunque jamás he llegado a puntos tan ridículos como sincerarme un día y “dar la cara” -soy una especie de Dr. Gang blogger, prefiero mantener ese aire de secretismo- sí he escrito en muchas ocasiones vivencias e inquietudes personales, pero tampoco demasiado personales: sólo aquellas que puedan mostrar un reflejo de la sociedad. Ya saben, esas opiniones que pueden ser contestadas con un “hey, pues a mí también me ha pasado” o “te pasó eso porque eres un gilipolla” por cualquiera de ustedes. Esa fue la conclusión a la que llegué a los cincuenta días de funcionamiento del blog, con lo cual algo he cumplido.
Me sorprendo a mí mismo leyendo entradas que tienen, en su mayoría, los cuatro años de edad total del blog. Claro, que eso es porque arranqué de manera fuerte comparado con lo que ha sido la supervivencia posterior del sitio: en 2007 escribí lo que a día de hoy aún equivale al 55% de todas las entradas que he publicado, 197 de 280 contando esta que ustedes están leyendo. En el siguiente 2008 no llegué ni al 5% del total actual, un bajón tremendo. Por tanto, casi todo el contenido del blog tiene cuatro años, y la diferencia de pensar con el yo de aquellos tiempos puede ser a día de hoy abismal.
Por ejemplo, me he quedado de piedra al leer recientemente entradas de pura mentalidad conspiranoica donde intentaba dar explicaciones a la ubicación de la Atlántida o confesar que no me creía del todo la llegada del hombre a la Luna. A día de hoy, mejor informado (e instisto, informado, que no adoctrinado) he podido llegar a la conclusión de que me equivocaba por falta de conocimientos. Incluso se llegaba a dilucidar algo de confusión con el tema extraterrestre: a pesar de partirme la caja con los montajes y fotos borrosas sobre OVNI, seguía pensando en una posible evolución paralela en otros planetas. Cosa que no es que sea descartable, pero de la que de momento no tenemos prueba alguna, por lo cual no me vale como argumento. Lo que está claro es que nadie ha demostrado que de esas fotos borrosas de aparatos metálicos en el cielo bajan paisanos de otros mundos.
No obstante, desde los inicios del blog algo no ha cambiado, y ha sido mi total convicción en contra del pensamiento religioso y sobrenatural. El evolucionismo, del que también he tenido que aprender más cosas que desconocía, ha estado siempre a pie de cañón en este espacio. Con la orgullosa superioridad que el ser humano demuestra creyéndose el centro del universo más allá incluso de su propia vida física, también me he echado algunas risas. Sin embargo, esa tampoco ha sido la tónica que ha copado la totalidad del blog de manera absoluta; y es que éste no tiene una temática concreta más allá de las opiniones del autor. Igual te hablo de un juego o una película de hace años, como me río de la última aparición de un supuesto fantasma, como me quejo de los que van por el carril central de la autovía a 100 km/h. Por cierto, también expreso muchas quejas sobre el tráfico rodado. Le doy a todo, vamos.
Ahora toca hacer algo de penitencia. En primer lugar, me avergüenzo y arrepiento de haber hecho hotlinking tan frecuente y descaradamente, pues por culpa de eso gran parte de las imágenes del blog se han perdido en el limbo internetil; de algunos posts ni me acuerdo qué salía. También me avergüenzo en ocasiones de ese yo del pasado cuando he pretendido ser polémico o graciosillo y el intento no ha sido nada atemporal: es decir, que me provoca esa sensación de “madre mía, ¿yo escribí esta gilipollez?”. Pero no pienso borrar ni editar nada, ya que de los errores uno aprende y así doy que hablar a trolls aburridos, para que me echen en cara algún “mira lo que dijiste aquí, falso, más que falso”. Quiero dar salsa a la existencia de estas criaturas.
Esa es otra: este es de los pocos blogs donde se permite a los trolls expresarse, y además el autor se toma su tiempo en responderles intentando no insultarles, algo que no crean que es sencillo vista la atrevida ignorancia y/o arrogancia de algunos. A veces el troll soy yo mismo y contesto algo que luego descubro que estaba mal. No les daré ejemplos, descúbranlo ustedes mismos. Repito que no voy a corregir nada, aunque me parezca que solté una idiotez mal expresada. Aunque de algunas me retracté, como decir que “La que se avecina” no molaba después de un sólo capítulo; ahora opino que con el tiempo ha mejorado y hasta superado a su predecesora, “Aquí no hay quien viva”.
También en ocasiones he hablado de mis manías pasajeras como si fueran lo máximo, como los juegos online aquellos de El Bruto y Mendigogame, que hace eones que abandoné. El primero no duró ni dos meses, el segundo logró crear en mi día a día un submundo tragicómico paralelo en el que fui líder simbólico de un puñado de renegados que acabaron alzándose en revolución, durante casi un año. Ya estoy mejor, gracias.
Pero de todas estas divagaciones siempre hay algo bueno que sacar, y es que, aunque sean un pequeño porcentaje, todavía he llegado a recibir comentarios positivos en algunas entradas. Pero comentarios de esos que han llegado de manera totalmente fortuita, ya que es gente que no conocía de nada. No se vayan a pensar que todos los que me escriben algo son compañeros del trabajo, de clase, de la propia red o de ir a comprar al Eroski. Pues no: son esos náufragos, pero los de buen rollo, que en su travesía por el océano internetístico que es internet han decidido parar en esta pequeña isla volcánica. Gracias a todos por conseguir que de vez en cuando siga escribiendo alguna que otra cosa por aquí.
Bonus: ¿Por qué le puse ese nombre al blog? No lo sé. Creo que buscaba algo que llamara la atención y lo cagué mentalmente en cuestión de segundos: ponerme un nick de Messenger me cuesta mucho más en general. Y total, para las tonterías que pongo.
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