miércoles, 14 de julio de 2010

Predecible obsolescencia

Siempre creo que antes del “progreso definitivo”, es como si viniese una especie de precuela que nos hace dudar en si dejarnos los cuartos en algo que, a pesar de no parecerse al aparatito de moda, hace su misma función por menos dinero (todo lo nuevo es caro, claro). Al poco, cómo no, del aparato mencionado aparecen versiones cada vez mejores... y más baratas. Y nosotros con el proto-aparato que hacía la misma función pero era más grande, más limitado, más menos en todo.


A mí por suerte esto no me ha pasado nunca porque no tengo dinero, que a veces es hasta algo bueno. Pero pensarlo, vaya si lo pensé. No obstante sí que puedo decir que he caído en trampas no comprando aparatos similares a los grandes objetos de consumo, sino idénticos pero cutres. Me explico: a principios de la década, las cámaras de fotos digitales eran la gran novedad. Una cámara de esas que estuviera más o menos bien, costaba unos 180 euros. Una cámara buena, equiparable a lo que hoy día es una cámara normalita, costaba más de 500.


"Aparca esas yeguas, tío. El vapor es el futuro"


Un día en Carrefour me encuentro con una cámara que en su caja rezaba “cámara de fotos y web-cam USB, todo en uno” por 59,99 euros. No me lo pensé y me la llevé. Era una cámara alargada verticalmente, digamos que quizá más inspirada en el formato web-cam -función que no tenía ninguna intención de usar y, de hecho, jamás utilicé- con visor “de poner el ojo” de toda la vida (nada de pantallita donde ver la foto antes de hacerla), y posibilidad nula de poner tarjetas de memoria, con lo cual debías conformarte con los 16 o 32 MB que llevaba dentro. Para saber cuántas fotos llevabas hechas, tenía un LCD como el de un reloj digital que te ponía un numerito indicando la cantidad de fotos hechas. Nunca supe cuántas cabían porque no llegué a usar la cámara más de 4 veces.


Y de su calidad horrorosa no me quejo, la cual creo que no pasaba de 0,3 megapíxeles (lo que tenían las webcam de la época, ¿para qué más?), pero lo que no toleré fue su memoria volátil. ¿Volátil? Sí, queridos amigos. Un día que me propuse salir a tomar fotos de paisajes de mi tierra -total, eran gratis- y me la llevé, junto con otro juego de pilas, descubrí este fatal hecho. Completado el trayecto de ida, la señal de “batería baja” me alertaba de que era hora de cambiar las baterías. Con 18 o 20 fotos, procedí al cambio, y al darle al ON, el marcador a 0. ¿Cómo es posible? No lo sé. El caso es que perdí todas las fotos de ese día, día desde el cual la cámara vio caer sobre ella la condena de permanecer en la sombra de una caja de cartón por toda su eternidad.


Megapíxeles reales, nada de interpolación ni zarandajas


¿Podría haber sido peor? Quizá sí. Antes de saber que la tecnología digital iba a tomar el mundo de la fotografía (no de la manera que lo ha hecho, llegando a desplazar a la fotografía química de toda la vida) teníamos un método análogo de ver la foto tras tomarla: las Polaroid instantáneas. Imagináos que me compro una: cada vez que te sale mal una foto, es un porcentaje de carrete-papel tirado a la basura. En la foto de revelado normal, al menos podías tener la posibilidad de ver el resultado del negativo y omitir las fotos con un dedo en el objetivo, quemadas, hechas sin quitar la tapa...


Otro caso que tuve la suerte de pasar por alto fue el de la música portable. Cuando empezaron a salir los reproductores de MP3 portátiles, mal llamados MP3 a secas -nombre que hace referencia a un formato de archivo de audio y que al menos desde 1999 llevo disfrutando en mis PC- eran carísimos, a razón de unos 100 euros los de 128MB. Pero claro, al mismo tiempo, por poco más de la mitad de ese precio estaban los Discman (reproductores de CD portátiles, hijos del Walkman) con capacidad de leer MP3, y yo pensaba: “por menos precio puedo tener un aparato que, acompañado de varios CD de 700MB, me dé horas y horas de música para llevar”. Menos mal que no tenía dinero, porque ahora tendría otro trasto acumulando polvo. En el año 2006 me hice ya con un MP3 de 1GB tamaño iPod que no sólo reproducía MP3 sino hasta imágenes y vídeos -convertidos a un formato raro- por 50 euros. Y a los dos años, con un móvil que hacía lo propio. Ya ni les doy uso -al móvil sí, para hablar, claro.


Algo similar por lo que todavía no he pasado pero me gustaría pasar, no sin mis dudas, es por los equipos informáticos portátiles de tamaño reducido. Desde hace años existen las PDA, que, me van a perdonar ustedes, pero no considero “ordenadores” al uso, sino algo parecido, como los Smartphones. A día de hoy, por el mismo precio, tenemos los Netbooks, ordenadores portátiles miniaturizados que tienen exactamente la misma potencia que los ordenadores que cualquiera podía tener en su casa en los años 2003-2005 (o ahora mismo, como es mi caso hasta que me traigan el cuatro-núcleos). Como las PDA, no tienen lector óptico, pero ganan a éstas por tener pantallas de diez pulgadas y media, discos duros con unos 160GB y, en la mayoría de casos, 2GB de RAM, algo que no tenían los portátiles de similar capacidad de frecuencia -1,5GHz- hace seis años, que nos los vendían con 512 tristes MB de RAM y 40GB de disco duro. Pues sí, oiga. Como usuario 100% de ordenador de sobremesa, si alguna vez quisiera tener el capricho de llevarme un portátil por ahí, prefiero un Netbook de estos a un portátil Laptop al uso, y sobre todo, a un Smartphone “de los buenos”.


La tienda portátil nunca ha gozado de una reputación aceptable


Porque ese es otro tema, pero aquí hablaríamos de involución, con los teléfonos móviles que pretenden ser ordenadores. El tan aclamado iPhone, tan moderno, tan de moda, está a la altura o incluso por debajo de muchas PDA como las que Hewlett-Packard vende desde hace un lustro o más. Pero lleva una manzanita mordida detrás, como los iPod, el iPad y el aparato que nos quieran vender en un futuro con una “i” latina delante, convirtiendo al pijo ignorante (porque todas esas cosas estaban ya o inventadas o superadas) en consumidor de tecnología punta del futuro.


La pregunta ahora sería: ¿podemos predecir algo con todo esto? Bueno, la capacidad de predicción la dejo en manos de los adivinos, quienes siempre suelen adivinar el incremento de su cuenta corriente a cada timo que realizan. Toda tecnología moderna viene precedida de una opción que parece muy interesante para salir del paso, pero que acaba quedando obsoleta antes de tiempo.


¿Pasará esto con, por ejemplo, los coches con alimentación “alternativa”? Pues no lo sé, porque no son aparatitos de menos de 500 euros. El cambio durará lo que tenga que durar mientras los coches convencionales se vendan. Actualmente sólo Toyota y Honda venden coches híbridos de verdad, con motor eléctrico que “ayuda” al propulsor de gasolina y consigue así reducir el consumo. Aparte de esto, tenemos la opción del depósito de GLP (gas natural comprimido), combustible que está a menos de la mitad de precio que la gasolina y que funciona en cualquier coche que se alimente de ésta, funcionando de manera conjunta y reduciendo el gasto. Claro que, pocos, muy pocos coches salen con esta adaptación de fábrica -en España, ninguno- y al que la haga, además de costarle los cuartos, se queda sin el espacio de la rueda de recambio, con lo que cada pinchazo requiere grúa. Aparte de que las gasolineras que ofrecen GLP en España se cuentan con los dedos de los pies.


¿Qué hacer en este caso? Yo creo que el cambio será inminente, pero lento, y que los coches 100% eléctricos van a ser un despilfarro al principio (es lo que tiene la tecnología de vanguardia), por lo que nos queda esperar que en la vieja Europa se pongan a producir coches híbridos. Total, unos 4-5 litros a los 100 kilómetros no está mal ni aunque el litro llegue a los 2 euros (que me lo veo venir). Yo lo compraría, pero sigo sin dinero aún.


Si se os ocurre otro tema similar, como no es mi caso ahora mismo, hacédmelo saber en los comentarios. Igual os obsequio con otra entrada.

2 digna(s) opinion(es):

Gorzas dijo...

El iPad es la mayor metida de Apple. Lo único que busca con su implantación es desbancar cuanto antes Flash e imponer html5 monopolizando el códec h.264 para engrosar sus arcas a costa del trabajo de los demás.

Por lo demás, lo de los precios y las tecnologías depende de muchas cosas y a veces, incluso, una vuelta de tuerca en la tecnología hace que un cachivache que te hayas comprado hoy esté ya desfasado. Por ejemplo, a día de hoy, sigue sin merecer la pena comprarse un reproductor Blu-Ray (ediciones Blu-ray escasas y en penosas condiciones, no hay una implantación real...) cuando se pensaba que a estas alturas ya se habría impuesto sobre el DVD.

Un monotrema disgustado dijo...

Cierto lo del Blu-Ray. Las grabadoras siguen sin bajar de precio, y sin duda, son las grabadoras las que podrían fortalecer su éxito. No por el aumento de copias que haríamos, que también, sino que con ellas y unos cuantos discos vírgenes podemos guardar cientos de GB en la estantería de los cedeses de toda la vida.