A mucha gente a día de hoy le parece aberrante que le instalen una antena de telefonía en lo alto del edificio donde vive. El miedo fantasma a los cánceres, desórdenes varios y demás están a la orden del día. Incluso se manifiestan en la calle contra esto.
Ahora bien, todos con su móvil en el bolsillo. Es más: toda la familia con el móvil. Todos los habitantes del edificio. Y de la calle. Y del barrio. Y de la ciudad. Cientos, miles, cientos de miles de ondas arriba y abajo. Pero no: las ondas sólo deben afectar en la manera en que las emiten las torres de telefonía, y nunca cuando son emitidas o recibidas por los dipositivos que al fin y al cabo hacen uso de ellas: los millones de móviles que hay por kilómetro cuadrado.
¿Y los microondas? Ah, es que esos mantienen las ondas encerradas en una caja. ¿La tele? ¿La radio? No, es que no es lo mismo. Es que los repetidores de TV los suelen poner en una montaña, donde no viven humanos, donde sólo habitan criaturas que son inmunes a las ondas.
No se olviden de la Wi-Fi. El internet gratis, nuestro sueño desde que teníamos aquellos módems de 56 baudios , a punto de existir, a punto de ser acribillado. Lo peor es que las compañías telefónicas ya te ponen el tingaldo Wi-Fi aunque vayas a tener el router a un palmo del PC. ¿Demandas masivas a la vista? ¿Conspiración para acabar con el mundo?
Pero al final, nos queda el mayor emisor de ondas, el gigantesco enemigo: el Sol. La radiación solar llega todos los días a la Tierra causando sequías, olas de calor, derretimiento de glaciares y cánceres de piel. Manifestación para que apaguen el Sol YA.
Si es que siempre hemos sido una especie que progresa tan rápido, que hay que poner a alguien para que controle esa velocidad de avance.
(A ver si haciendo entraditas cortas recupero el ritmo de publicación)

2 digna(s) opinion(es):
Es bueno volver a verte por aquí en Blogger, mi hermano.
Con respecto al artículo, ¿Qué es lo que podemos hacer? En una sociedad donde la ciencia y la tecnología se desarrollan mucho más rápido que la capacidad del grueso de la población para entenderla, siempre ocurrirán este tipo de chingaderas. Por estúpido que parezca, hay muchas personas (demasiadas) que creen que los iPods, los celulares, y demás artilugios tecnológicos nos cayeron del cielo por obra y gracia del Espíritu Santo.
Y claro, cuando la gente no entiende algo de forma sencilla, pues comienzan a decir que causa algo malo, como el cáncer (pero lo que nunca te dicen es que tipo de cáncer, pero claro que jámas te lo dirán porque la gente aún cree que todos los cánceres son iguales).
Ni modo, pendejos habrá mientras haya seres humanos.
Al final el problema siempre es el mismo: la falta de información (bueno, y la falta de capacidad de algunos/as para entender la información, pero eso es otra historia).
Si como bien dice Sir David, por mucho que avance la tencnología, la gente no se entera bien de lo que está pasando, las lagunas las tenemos que rellenar con "sabiduría popular", y ya se sabe que cuando impera la sabiduría popular puede pasar de todo, bueno y malo. Y en este caso lo que ocurre es la proliferación de leyendas urbanas en torno al cáncer, que tanto nos preocupa.
El avance y el desarrollo deberían ir acompañados de mucha más información y, sobre todo, información clarita y concisa, para que todo el mundo la entienda. Pero claro, ese tipo de información es una pérdida de tiempo que no genera beneficios económicos, así que no interesa.
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