martes, 12 de enero de 2010

Los fantasmas son reales (porque conozco a muchos)

Vamos a desempolvar un poco la sección "Para normales", que está muy parada, con lo que me gustan a mí esos temas.

Hoy vamos a hablar de los fantasmas y todo lo que les rodea. Pero fantasmas de esos del más allá, no del más aquí. No voy a hablar de vuestro amigo el ligón ni de vuestro compañero de trabajo ese que se compra todas las novedades hi-tech que llegan al mercado. Aunque, en cierto modo, los fantasmas existen: no son lo que algunos ven, sino más bien esa gente que dice verlos.

Resulta curioso que seamos tan egocéntricos como para creernos tan superiores a los demás animales, primos celulares nuestros, que creemos que nuestra existencia puede llegar a pervivir más allá de la muerte. Porque, hasta donde yo sé, existe la chica de la curva, el fantasma del monje de nosedonde, o la Santa Compaña, todos ellos con forma humana, pero nunca he oído hablar de apariciones de perros, gatos, ovejas, vacas o cocodrilos fantasma. Ah, es que como ellos nunca se han planteado si dentro de ellos hay un alma, cuando se mueren, mueren y ya está. Porque siempre vermos que se aparece un fantasma de una señora que vivía antes en una casa que ahora está nuevamente habitada, y pretende a base de sustos y poltergeises varios echar a los nuevos inquilinos; pero nunca hemos oído decir que el espíritu de un perro que en vida era apaleado por su dueño, vague por las noches atormentando a éste, ni se nos aparece en una curva un gato espectral que nos avisa de que él fue atropellado allí (cosa habitual en nuestras carreteras). Vamos, que es un invento tan humano, que huele demasiado.

Claro, yo si fuera un espectro, también hablaría con ella

Vayamos ahora a los efectos visuales. A día de hoy, acostumbrado a los FX bestiales del cine y a los retoques photoshoperos de las imágenes, parece mentira que una imagen retocada de hace un siglo nos parezca la prueba irrefutable de que una primigenia cámara de fotos captó una presencia fantasmal que nadie vio en ese momento. Bueno, aún a día de hoy las cámaras son incapaces de captar con fidelidad lo que ven nuestros ojos, ¿por qué una cámara del siglo XIX iba a captar más de lo que el ojo ve?

Aparte, como se ha dicho muchas veces tanto en el fenómeno fantasmal como en el OVNI (del que haré un post similar en breve), es justo ahora que todos tenemos camaritas digitales de bolsillo, o en nuestro móvil mismo, cuando más pruebas de su existencia debería existir, y justamente, no es así.

Pero, ah, ¿y las manifestaciones sonoras? Sí, eso que llaman psicofonías, y que creo que la misma palabra ya lo define: psico (de la mente) fonía (sonido), es decir: un sonido que crees oir según el criterio de tu mente. Porque, ni más ni menos, eso son: sonidos grabados al azar donde un señor te dirá que donde hay un ruido de fondo que suena a silla plegable cayéndose al suelo, en realidad hay una voz de ultratumba diciendo "marcháos" o cualquier palabra suelta acongojante. Palabra siempre en perfecto castellano, aunque la psicofonía se grabe en una casa abandonada en Galicia o en una masía ruinosa de Cataluña. Y es que, veamos, ¿quién no se ha divertido nunca intentando encontrar palabras castellanas en canciones interpretadas en inglés? Si hasta había una sección de un programa de radio con Pablo Motos que recogía las impresiones de los oyentes en este campo. El analizador de psicofonías es, pues, el mismo tipo que pone al revés un disco de Led Zeppelin y dice oir versos satánicos; curiosamente, si cogiésemos la letra de la canción y la leyésemos a la inversa, no obtendríamos nada.

Un reflejo en forma de cara basta para demostrar que estamos rodeados de espectros

Respecto a las psicofonías que se oyen con total claridad, no hay duda: la ha grabado un vivo bien vivo. Pero vivo, vivo de verdad. Un vivales, vaya, de los que hacen negocio con el misterio. Como en la famosa casa de las caras de Bélmez, que las grababan con la casa llena de gente y luego encontraban voces "desconocidas" en la cinta. Maravilloso con todas sus letras.

No menos negocio es el de las casas encantadas: casas que no las quiere nadie, y con el morbo de que hay fantasmas, se acerca todo el mundo allí. Ya que no la podemos vender, al menos la rentabilizamos. En la famosa casa de Amityville sufrieron de poltergeist justamente los propietarios que la compraron tras el asesinato que ocurrió tiempo antes: propietarios que seguramente se mudaron a otra casa mejor, no por miedo, sino por el pastizal que ganaron contando la trola en televisión. Actualmente la casa sigue habitada y nadie habla de tazas que se mueven solas ni sustancias viscosas que salen de los armarios.

Total, que ahora mismo, en una época donde cualquiera cuelga un fake en Youtube, queda claro que la presencia de ectoplasma es tan real como los osos amorosos. Otro día os cuento más, que es muy tarde y estoy bajo la influencia de 66 cl. de cerveza del Carrefour.

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