miércoles 3 de junio de 2009

Jesucristo era un perdedor (y su padre más)

Casi 2000 años, y durante este tiempo, montones y montones de gente han tomado como icono, como modelo a seguir, a uno de los personajes más losers de la historia. Sí, hablo del Mesías, hablo del Hijo de Dios, hablo de... JESUCRISTO.

Su vida ya empieza como la de un perdedor, naciendo en un establo, en pleno invierno y teniendo que subsistir de la caridad de los demás. Su padre es capaz de colocarlo en el vientre de la Virgen pero no es capaz de permitir que ésta y su marido se alojasen en la pensión aquella de la que los echaron, como mínimo.

Pero bueno, damos un salto en su historia (como hace La Biblia, vamos) y podemos comprobar que el tío usaba sus poderes para cualquier tontería, en plan vacilada con los amigos, en lugar de usarlos cuando hacía falta de verdad. Que si convertir el agua en vino, que si multiplicar los panes y los peces, que si devolverle la vista a un ciego, que si resucitar a un muerto (que debe ser una putada, porque tienes que volver a pagar impuestos)... en cambio, cuando uno de sus discípulos lo traicionó por toda la cara, por cuatro monedas, se lo tomó bien y todo. Yo le hubiera metido una paliza, y más teniendo poderes, hubiera sido a lo Dragon Ball. Pero no, él lo asumió y hasta organizó una cena de despedida, que tal como la pintan en los cuadros parece que fue bastante aburrida.

La sangre de Cristo en formato de un litro

Después de eso, se deja capturar y humillar, fustigar, azotar y le hacen arrastrar la cruz por todo el pueblo para acabar colgado de ella. Vamos, es capaz de resucitar a un muerto, pero no de apartar a un grupo de romanos a lo Jedi. Y su padre otro que tal, un supuesto ser que ha inundado el mundo con el diluvio universal sólo porque le parece que sus criaturas han pecado, un tío que quema dos ciudades por libertinas, que castiga con lenguajes distintos a todo un mundo porque quisieron hacer una torre para llegar al cielo por la cara... y no es capaz de defender a su hijo. O quizás no lo hizo por escarmiento, para que aprendiese a usar sus poderes cuando hace falta, no por diversión. Sí, vale, el proceso de puteamiento de los romanos fue en vano porque el tío a los tres días resucitó, pero no para volver a la tierra, sino para irse con su padre, seguramente por castigo a su incompetencia en sus 33 años entre humanos. El resto de historia ya lo conocéis, ¿de qué ha valido su legado? Para que hubiesen guerras, conquistas, misiones y curas pederastas.


La suerte que tuvo Cristo fue nacer en la época de las crucifixiones romanas, porque si llega a nacer en Transilvania cuando gobernaba Vlad Tepes... imaginaos cómo serían las imágenes de las iglesias.

Además, esto no es más que una versión moña de la religión griega. En ésta, Zeus mismo baja al mundo de los humanos a empujarse a una señora, estando él casado con Hera y dicha señora con otro señor. Nada de enviar a una paloma, señores, crudeza insultante, unos cuernos de aquí a Atenas. Así nacía Heracles (o Hércules para los romanos y alicantinos), que en lugar de ir haciendo el hippie por ahí soltando mensajes de paz y amor, fue repartiendo bofetadas en sus doce trabajos (¿tuvo trabajo Jesucristo?). Eso sí, murió envenenado por un timo con un centauro de por medio, no sé que es peor. Pero que le quiten lo bailao, oiga. Repartió más hostias él en vida que los seguidores de Cristo tras su muerte. Todo un Bud Spencer.

Así que, cristianos, piensen lo que hacen.

 
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